martes, 2 de octubre de 2012

La leyenda del rey Arturo y ...

El rey Artus sucesor del rey Ubu ya ha alcanzado el mérito de ser llamado, artus I l'emmerdeur.
Su rara habilidad política reside en hacer varias cosas a un tiempo y hacerlas todas mal.
La realidad es que llegó a la corte de Sant Jaume y encontró las arcas del tesoro vacías.
Ves hijo, no se puede dejar la casa sola que vienen los okupas y se llevan hasta las telas de araña.
El panorama era sombrío tanto que su estado estaba en absoluta quiebra. Por si fuera poco el caballero del pájaro dorado heredero de las esencias patrias se veía bajo sospecha de haber cometido abusos en el reparto de prebendas reales. Hay que reconocer que los mas avezados sostenían contra este doncel acusaciones de simonía y nepotismo como ya las había sufrido su padre el rey Ubu.

El problema de artus, tenía varios frentes. Si. Por una parte las investigaciones sobre la honorabilidad del delfín. Por la otra, no menos complicada era redactar unos presupuestos sin un céntimo de bayoco. Unos presupuestos en los que tenía que contar con el apoyo de reino próximo -con el cual estaba unido desde hacía mas de mil años-.
La solución a corto era disolver la asamblea de la tabla redonda. Así no había que presentar presupuestos y someterse a los insultos de los señores. Por otra parte morían en el fin de la legislatura las comisiones de investigación.

Dicho y hecho, se subió a la torre del homenaje, mando tocar clarines y convocó elecciones. Estaba convencido de que tendría una nueva mayoría a costa de sus socios.
¿Hizo bien? No se sabe la historia lo dirá.
Lo cierto es que el contaba con la idiosincrasia propia de su pueblo. ¿Cual era esta? Unos decían que la cobardía a la hora de enfrentase a la realidad. Otros a la estupidez de un pueblo, que acataba siempre la opinión del mangante de turno sin exponer la menor queja.
¿Es o era cobarde el pueblo? Es algo difícil de precisar, los pueblos no son cobardes o valientes eso es una característica de los individuos. Hay que leer a un tal Cajal, médico en una de las últimas guerras coloniales que ensalza el valor de las gentes de ese pueblo; tanto ante el enemigo, como ante el paludismo o la disentería. Crueles enfermedades tropicales, que llevaron a la tumba a mas gentes que el enemigo.
Tampoco las últimas confrontaciones civiles permitían calificar al pueblo de cobarde.
¿Entonces?
Entonces hay que buscar otra explicación. El pueblo de Artus I l`emmerdeur era por encima de todo mercader.
Los mercaderes, se mueven por parámetros en dos escalas. La primera la envida, pecado próximo a la codicia y la segunda la seriedad contractual. El pliego, el escrito de condiciones, las clausulas de un pacto eran dios y el que las rompía un ser deleznable.
Pero el pueblo mantenía equivocadamente, tal vez por soberbia, el error de pensar que todos habían de ser como el.
Me explico, que ellos pagaban autopistas, todos los reinos vecinos deberían pagarlas. Que tributaban sobre cada cántaro de agua casi tres veces su valor. Todos los reinos de los alrededores deberían hacer lo mismo.
Es decir; el error era pensar que todos tenían que pagar como ellos en vez de buscar la solución mas sencilla dejar ellos de pagar unas autopistas amortizas varias veces o una tasa sobre el agua que era abusiva. ¡Hombre! Señores del pueblo, si a ustedes les dan por donde cargan los carros no pretendan que todos los reinos vecinos hagan igual. Porque, ese si es su derecho, investiguen donde va la tasa del agua o a donde los dineros con que algunas empresas financian fastos musicales y juzguen a sus prebostes por sus excesos.
Nosotros queremos que los catalanes paguen menos, pero no a costa de pagar nosotros más. Porque si es así ¿Qué cambia?


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