martes, 30 de agosto de 2016

Limosnas.

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Mi amigo tenía su despacho en la puerta de unos grandes almacenes. Su despacho, puro eufemismo, constaba de una superficie de cartón, cajas de embalaje, hábilmente imbricadas en una alfombra de 2,05 metros cuadrados. Allí tenía espacio suficiente para sentase blandamente con la espalda reposada sobre el muro y un cachorro de perro pastor a sus pies.
La gente que pasaba, creyendo que pedía limosna dejaban caer con gesto mecánico su óbolo. Él, decía, no pedir limosna, pero si alguna moneda rodaba hasta sus dominios era fagocitada con rapidez. Su teoría económica decía que el dinero desnudo era obsceno, y por ello se le debía esconder con rapidez. Las monedas, cuando están expuestas a la intemperie, tienen la propiedad de buscar a más colegas de su especie, incluso cuando no fuesen de su raza.
Un día, me dijo:
Te enseñaré mi colección; no solo hay una gran representación de moneda europea, también las tengo del Magreb, Las Antillas, sudamericanas y hasta llegadas de más allá del ecuador y de la espalda del meridiano cero.
Pero el dinero es maléfico, decía, mientras separaba las monedas en bolsitas de tela recia. El dinero es como las sustancias radiactivas, alcanzada una cierta masa crítica, comienza una reacción en cadena imparable.
Dinero llama a dinero, dijo, y lo que es peor, dinero llama a ambición.
Entonces todo lo que se tiene es poco. Solo hay otra cosa tan maligna como el dinero, el poder, y este también desata la ambición humana.
La ambición es una enfermedad genética, por causas desconocidas, hay veces que se manifiesta de forma violenta. La principal consecuencia es la pérdida de perspectiva y la deriva de la mente hacia falsos y fatales silogismos.
Mira me decía; mientras señalaba la portada del diario, aquí está Pedro Sánchez exorcizando a Mariano Rajoy. Qué poco se acuerda ahora este tío de como, Mariano hizo la vista gorda a las irregularidades contables de ZP.
-¡Hombre no podía! Dije yo. Si hubiese entrado a sangre y fuego contra los fraudes del PSOE también debería haber limpiado las cuentas del PP y de su sede. Y eso...
Eso, eso es a lo que me refería, el poder y el dinero terminan por auto-justificar las mayores barbaries.
Mira, le dije riendo, en Cataluña van a aprobar una nueva LOGSE. Será obligatorio saber la tabla del 3% a partir de los siete años.
Calló unos segundos y me demostró que había percibido toda la mordacidad de mi comentario. Claro la corrupción debe ser elevada al rango de cultura, no ya de ley. El 3% es un derecho de pernada. Todo ciudadano de bien debe reconocer ese derecho del poder o del poderoso.
Así parece hemos creado una élite, para la que toda la comunidad produce, les creamos puestos políticos y retiros de oro en las empresas públicas o no. Y ningún partido renunciará a las sinecuras y prebendas...
¡Pues estamos listos!

Un día hizo una visita al centro comercial el consejero delegado de la firma. Ha trascendido, que al percatarse de la presencia de mi amigo en la puerta le preguntó al jefe de tienda. ¿Y ese quien es?
Es un pobre, ¡Señor!
Un pobre, un pobre, y que hace usted que no lo tiene trabajando en una de nuestras fábricas con un contrato de 70 horas semanales siete sobre siete.
¡Ah señor! Ya lo intenté pero cuando le propuse trabajar diez horas al día los siete días de la semana me dijo que no.
¿?
Dijo que ahora el tiene una jornada de 12 horas día de nueve a veintiuna, más algún domingo o festivo según calendario laboral. Eso le garantiza una 75 horas de promedio y que no estaba dispuesto a firmar por menos. Lo puse en conocimiento de nuestro departamento de relaciones de personal. Y aun no han hallado una solución legal y aceptable y es que la reforma laboral que han aplicado los últimos gobiernos se queda muy corta en ese aspecto. Por eso le ruego, que haga valer sus relaciones y las de la patronal para obtener de la próxima administración una solución. Deberíamos copiar de las órdenes religiosas, los votos de obediencia castidad y pobreza. Solo así tendremos una sociedad más justa mucho más justa.

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