miércoles, 3 de junio de 2015

Abelardo y su banana trucker.


Tenía yo un amigo llamado Abelardo, si si A-be-lar-do como el célebre “Golia” monje. El amo de la lógica medieval, amante de Eloísa, creo que ustedes ya recuerdan.

Pero mi Abelardo no tenía nada de lógico ni nada de monje. Había quien lo tenía por gay, pero él afrontaba las insinuaciones con una presentación de su realidad, que desanimaba a cualquiera.
A ver, yo tengo una amante. Es público y notorio ¿por qué? Entonces me etiquetáis de gay.
¿Qué os importará si esa amante es camionera?
¿Es acaso? Que una mujer que huela ferodo caliente, con aceite de cárter en las manos ¿no es sexy? ¡Tiene eso alguna connotación excluyente!

¿Porqué? Si una tía encuentra más excitante una palanca de cambios o un pedal de embrague que un ángel de Victoria`s Secret no ha de tener su corte de admiradores.
Pero un día... un día estaba esperando en una gasolinera en la cual ella, su amante, solía intercambiar todos los días de camión.
Me explico, la compañía de transportes para la que trabajaba su amante, cubría ruta Madrid Barcelona, con dos camiones que por comodidad para las choferesas -que diría Camilo J. Cela- y ahorro de la empresa intercambiaban sus vehículos en la provincia de Zaragoza, de tal manera que las dos podían terminar su jornada laboral en su lugar de residencia ahorrando a la empresa una pasta en dietas y gastos de alojamiento.
Pues bien un día que Abelardo se había acercado a Zaragoza con la idea de volver a Barcelona como polizón en la cabina de su amiga, asistió a un espectáculo que lo dejo perplejo y cariacontecido.
Y es que pudo ver como una de las camareras de la cafetería aneja a la estación de servicio, regalaba a su amiga y a la compañera de esta sendas y hermosas bananas. Entonces todo su mundo se derrumbó, toda su estructura lógica colapsó.
Porque él podía admitir que su amante tuviera un empleo de macho, podía comprender que ella se ganara la vida y muy bien por cierto llevando una mano en el volante y otra en la palanca de cambios, podía transigir con su olor a aceite lubricante y hasta encontrar excitante la justa higiene de una cabina de camión. Pero de eso al triangulo de las bananas... no eso no aquello era superior a su formación escolástica, ¿quién podía hacer un silogismo con un plátano dildo? ¿Eh quién?
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