miércoles, 6 de enero de 2016

Ombligos y...


Oigo gritos en la escalera y salgo a ver que sucede. El vecino, mi vecino de arriba, tiene sujeto contra un rincón de la escalera a un individuo de rasgos morunos.
Como es natural me pongo de su parte, y le pregunto si quiere que llame a los mozos o a la guardia urbana. Todo parece indicar, que se trata de un pequeño delincuente al que ha pillado con las manos en la masa.
Por eso me sorprende su respuesta: No no, ni a la guardia urbana ni a la policía. El que tiene que venir es el rey el rey mismo. ¡¿?! ¡El rey? Pregunto... si el rey Gaspar o el negro el que sea... Entonces me doy cuenta que el individuo al que tiene retenido, viste turbante y chilaba, chinelas o pantuflas mas propias de un personaje de opereta.

¡Pero a ver que ha sucedido? Pregunto, pues ya lo ves me contesta el vecino este individuo que es un irresponsable, un inconsciente y un sinvergüenza. Ante mi gesto de extrañeza el vecino continúa, mire usted mire (el vecino siempre gasta el usted con prosopopeya) mientras se levanta la camiseta, yo había pedido a los reyes que me trajesen un ombligo nuevo. Necesito practicar la onfaloscopia, (La onfaloscopia es la técnica de meditación propia de los monjes griegos del monte Athos entre otros consistente en meditar mirándose el ombligo) y mira va este individuo y me deja un ombligo de segunda mano dice señalando melico. Lo ves este es un ombligo de político imagina si ha pertenecido antes a Artur Mas o al mismísimo Mariano Rajoy a ver como voy a meditar yo con esta mierda...
Tiene razón pienso, ¿pero no será mas urgente acudir a un cirujano plástico qué extirpe tan fea cicatriz? O por lo menos que lo haga más estético...

Mi vecino parece confundido, y al final decide ir el mismo a urgencias y pedir que le traten de una mas que probable onfalitis (infección en el ombligo) cuando aparece el rey Gaspar y dice: Cierto ese es un ombligo de recuperación, y tengo que mantener el anonimato del donante pero puedo garantizar que nunca nuestros ombligos han producido rechazo, onfalitis, ni inflamaciones colaterales del ego...
Y entonces yo suelto una ruidosa carcajada y me despierto, me voy a mirar mi ombligo en el espejo no sea cosa que...
Hasta luego.
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