lunes, 27 de agosto de 2012

Surrealismo inconito

El sol al desperezarse, avanzaba por aquellos oscuros canijares alcanzando de lleno la ramas de los leotadios. Un silvestrum que habitaba en un revueldo, alzó su voz de gramófono de cuerda, desgranando como epileos sincopados, una granta de fonemas engruidos.

Mas tarde las rumorosas amalopas de ardería, enjugaban en cuadrilongos cornijales los verdes y morados de sus dollas.

El ambiente era como una sinfonía de líquidos sones, que mezclada con la paleta de colores de ácoros de palustre en un; si es no es, del verdeamarillo de sus flores.

El guitán, anduvo trastocado varios días hasta que se adaptó de lleno al nuevo ambiente. Leocadio, contento, se fue a la estafeta para en fúnebres misivas avisar a sus amigos. 
Decían: El guitán se aclimató con éxito, disponemos de una nueva plaga exopótoma. Comenzar la comercialización del hombridillo.
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