viernes, 31 de agosto de 2012

El dedo de Baco



Llueve con mansedumbre, las gotas frías caen sobre las piedras, que ayer el sol heria con su fuego. La luz del astro se apaga, se agrisa, en un preludio de inviernos antes de otoño.

Aun quedan en el calendario -esa caja de sorpresas- algún día cálido, los días del oxido. Aquellos que cuando las viñas han sido despojadas de sus frutos y hechos sangre en los lagares, van dando un tono rojizo a las hojas caedizas de las plantas. 

En tanto en las barricas hoy cubas de acero inoxidable fermentan bajo tierra las alegrías futuros años. Y los caldos del año pasado, comienzan un trasiego de bota en bota de la mano del experto. El enólogo maestro acreditado, educará con mimo el paladar, el tacto y el lustre, que solo alcanzan pocos y que una vez en la botella mantendrán años.

La tarde era gris cuando iniciamos el viaje, pero hoy en La Ribera Sacra es uno de los días mas luminosos del año.

Las viñas de esta ribera, orientadas a mediodía y a poniente darán un mejor caldo que las rivales; nunca mejor usada la palabra, que en su acepción latina significa aquellos que beben de el mismo río. La cuenca del Sil fue romanizada y mas tarde los cenobios mantuvieron viva la cultura del vino.

Viñas de vértigo que Roma labró con esclavos y la iglesia con el trabajo y la fe de los legos hermanos. Pero hoy la laboriosidad del gallego no desdeña la pendiente algunas de 65º y los liños que parecen las curvas de nivel de un mapa o las huellas dactilares que un caprichoso Baco dejó grabadas sobre la vieja montaña.

Dejo dos vistas la panorámica y esta otra en que se aprecia eso que yo llamo la huella de Baco.

Darío

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