sábado, 20 de julio de 2013

Recuerdos de un ausente



Lo recuerdo bien era un tórrido día de julio, como hoy. El cielo azul impoluto, sin la menor sombra ni nube, era el reino de un sol de justicia que secaba hasta las ideas.

Los señoritos la gente bien paseaba bajo sus canotier ellos y bajo la sombrilla de encaje ellas.

Yo había dejado el obrador, desde las 6 de la mañana en comencé la mezcla y selección de cacaos no había tenido un respiro. Después el tueste la molienda y la confección de dos de los tres tipos de chocolate que se hacían en la casa. Oh a todo esto no me he presentado soy Mariano, maestro tostador chocolatero y trabajo en... bueno en una de las casas de coloniales más importantes  de la ciudad.

Ahora que tengo la masa ya hecha voy a ver el periódico mural que ponen los de la imprenta.

Julio siempre es un mes que se presta a violencias será el calor pero hay tanto crimen y tanta guerra en Julio.

Voy subiendo la calle, y ya me extraña ver un grupo de personas discutiendo acaloradamente ante la pizarra del diario. ¿Qué dirá? a es esto:

Serbia y Bulgaria rompen relaciones. Los hay que opinan que esto es el principio de la guerra. Ayer eran Austria y Serbia, hoy esto, deben tener razón la guerra es cuestión de horas.

Vaya  allí llega el grupo de lechuguinos,  vienen a leer las noticias, es lo más cerca que estarán cerca de un menestral como yo. Señoritos terratenientes, ya veis la guerra que parece estallará pronto. Y vosotros siempre estaréis al otro lado, al frente mío. Es cuestión de casta de nacimiento.

Mira allí llega otro de los míos, Juan el segundón de casa pobre, hace seis años era el machaca de la competencia, de eso a llevar los libros y de allí a tener un puesto de empleadillo en la administración.   Ahora los del pueblo lo tratan de usted, bueno en realidad todos lo llaman tío, tío Juan esto y lo otro. Tío Juan vendrá usted para la matanza, para la vendimia, pa la siega. Antes; si lo llamaban, seguro que era para cargarle un cuévano de uvas a la espalda, para que se agarrase a la falce y calzase las zoquetas. Ahora el interés lo volverá patriarca. El Tío de la capital el que se pide para esto y lo otro, el que para las denuncias del cabo de los civiles. Señor ha tenido suerte el mancebo. Veintidós años y casado. Pero que veo su cara es alegre, a la par que preocupada. Vamos a ver que se trae.
- ¡Eh Juan! si te puedo llamar así colega.

-Si Mariano, me puedes llamar así, no escondo que barrí muchas veces la tienda, que mi primera cama fue en el altillo de los coloniales, que mas de una noche he bajado a dormir al mostrador por el calor inaguantable del altillo. No duele que te recuerden tu raíz humilde, me molesta más la prosopopeya, del que me pagaba un real por descargar un carro y ahora me trata de Don con el único deseo de que le resuelva un papeleo en la Diputación o le rebajen la multa que les puso el gobernador. Yo soy Juan hijo de Andrés, un labriego pobre al que le crecía la familia más deprisa que las cosechas. Al que su mujer solo le paría hembras.

-Bueno ahora les podrás dar buenas bodas.
- No Mariano, ya sabes que no. Si mis hermanas encuentran un partido haré porque bien casen. Pero no soy de esos que usan a las mujeres para aumentar el patrimonio. ¿Y tú que cuántos hijos tienes?
Van seis Juan, van seis y todos machos. La Gertrudis no sabe hacer mocetas...

¿Por cierto y tú? ¿Yo no me lo notas?  Pilar me ha dado una hija esta madrugada.

- Ah que sea enhorabuena. Le dije a la vez que estrechaba su mano, después de haberla limpiado en el mandil.

No se, ya ves lo que trae el diario, habrá guerra. -Bah guerras las ha habido siempre. Mas sangre que no hemos dejado nosotros en África y en Cuba. Bueno te dejo, que ahora saldrán de misa y vendrán las feligresas a comprar, y si no estoy yo dicen que el chocolate no es bueno.

Juan me vio tomar calle abajo hacia mi trabajo en tienda de coloniales.

Pensó cosas, pero seguro que no pensó, en que los nietos del amo de la tienda, presumirían de ser de Izquierdas toda su vida, que muchos años después, hablarían entre sociatas y progres del hambre que pasaron en la posguerra, un hambre tan feroz, como el lobo de la caperucita. Puro cuento, puro símbolo.

Tampoco se le ocurrió pensar, que su hija recién nacida, se casaría con un hijo de mio. Que los dos llamaríamos nieto a la misma persona, que las hijas del tendero jefe de Mariano, una sería funcionaria, la otra casaría con un alto cargo y que sería precisamente ese funcionario el que daría clase de contabilidad y administración pública a esa hija suya recién nacida, que en esos momentos ya buscaba con ansia el pecho de su madre.

Tampoco pensó en que la guerra que se fraguaba a ante sus ojos sería llamada la primera guerra mundial, luego llegaría la civil nuestra, después la segunda mundial...

Tal vez yo, que era más soñador, hubiera podido imaginar esas cosas. Pero daba igual yo dejé este mundo poco después de la Gran Guerra. Y todo eso que pude soñar nunca lo pude vivir. Porque yo estoy muerto desde 1919 y los he esperado aquí en la rauda más de cincuenta años.       

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