jueves, 24 de diciembre de 2015

La tercera noche y la última...



Solo somos cuatro viajeros en la parada del autobús. Excepto uno, todos mayores, y aun este debe pasar la cincuentena.
Se reconocen; me parece que se reconocen con gestos discretos.
Llega el autobús y subimos, dentro hay un par de jóvenes que parecen regresar a casa después del trabajo, llevan el buzo puesto con un nombre serigrafíado en la espalda. Ellos bajan dos paradas más tarde y sube en su lugar el que parece ser un miembro de la cofradía, no se que tiene en común con el resto, conmigo, pero hay algo que lo hace socio parroquia.

Nos mira a todos de hito en hito, cruza la mirada con el hombre calvo que se siente frente a mi y dice:

¡Buenas Fiestas y salud!



Al que está enfrente, el saludo le sienta como una cornada y contesta:

Una mierda salud, una jodida mierda. ¿Para que quiero salud para gozar mi miseria?

Es un gesto hostil y sin embargo nadie reacciona.

El recién llegado, a pesar de la mala acogida de sus palabras saluda a a cada uno.

Luego comenta algo que no entiendo, me mira y pregunta:

¿Donde vas a pasar la nochebuena? Yo en el hotel Alfa, y tu no muy lejos.

Más tarde mientras me entregaban el juego de sábanas, me enteré de la historia, el que permanecía sentado frente a mi en el bus, era Ricardo, un día fue un bien-estante, profesional, pequeño empresario. En pocos meses, la crisis se cebó en su negocio, perdió a su mujer, en brazos de un cáncer galopante, y como las desgracias nunca llegan solas, por un aval dado a su hijo perdió vivienda y negocio.

Sabes, me contaba mi confidente, aún no se ha hecho a la idea, el resto valoramos la salud como el ultimo reducto del bienestar, pero el piensa, que la salud solo es conciencia para percibir las desgracias...

Pero hay que bregar con la vida, vida que como en el Alquimista de Borges termina así:
           Y mientras cree tocar enardecido 
          el oro aquel que matará la Muerte,
Dios, que sabe de alquimia, lo convierte
en polvo, en nadie, en nada y en olvido.

Pero ya se le pesará... ya le pasará, esto me decía Luis un “amigo del hotel Alfa” así llamamos a la residencia que los servicios sociales del ayuntamiento tienen abierta para nosotros, los sin-techo.

¡Feliz Noche!
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