jueves, 18 de abril de 2013

De Ortega a Descartes pasando por el orador pepero.



Hoy me siento tan ridículo, que podría militar en el PP. Lo cierto es que llevo unos días de tensión más que de trabajo. Son esos momentos en que te esfuerzas por alcanzar una meta personal.  Un objetivo falso, tan falso como la mayoría de la metas que nos propone la sociedad actual.

Me planteé hace unos años escribir y los que me leen ya saben de mis andanzas. Nunca me he considerado escritor ni mucho menos poeta. Junto palabras como ejercicio de reflexión, solo es eso. Las resumo en los blogs porque me da pena que se pierdan.

Este engendro -El feisbu- es una deyección de la sociedad moderna.  Semblaría   una pasión americana, la de un presente en violenta fuga hacia el pasado, hacia el olvido. Un aquí y ahora enfermizo. Muerto en el mismo momento de nacer. Para ser sustituido por otro aborto en el alumbramiento.  Por eso uso los blogs es una forma de memoria.

La metafísica personal nos enseña las circunstancia, que diría Ortega. Eso tan rimbombante no es otra cosa que la relación o la interacción -para ser mas "modelno"- de la res extensa de Descartes. Es decir el mundo la materia, diferenciado de la res cogitans, el alma el pensamiento. Claramente diferenciadas de la res infinita (Dios)

La memoria personal es buena, los psicólogos la llaman memoria episódica, porque nos permite comparar nuestro yo ayer con nuestro yo hoy.

Somos como el viajero que desde un altozano observa el camino ya pasado,  y tal vez imagina atisba el camino futuro.

Pues bien leídas las declaraciones de algunos peperos de pro. A uno le cuesta poco deducir que son como twitteros o feisbuistas feroces. Incapaces de recordar el ayer; que el ayer, el hace diez minutos.

Decía, que hoy, después del ejercicio de repaso a mis escritos de los dos últimos años. Me siento como pepero, es decir con la memoria fané y descangallada que dice el tango malevo.

Pero me siento delante de mí historia personal estupefacto, con la res cogitans empachada, cuanto cuanto he escrito, cuantos presentes extintos en un fondo personal irrepetible. Ese soy yo eso es mío. Ya no soy orador pepero, no, aun que soy... pero sé lo que no soy ni quiero.

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