lunes, 22 de abril de 2013

El Pitarra



El Pitarra entró en el bar, bueno en realidad lo que llamaban bar, era un antro oscuro con olor perpetuo a nicotina y una hez de fermentos que hacía su pátina sobre el abatidero de la fuente de cerveza.
Pasó la mano por el exterior del grifo, juntó unas gotas de la humedad condensada sobre el metal frío y con ellas en la punta de los dedos índice y corazón se humedeció los parpados.
Era un gesto maquinal de limpieza del contorno del ojo, tal vez por eso lo llamaban El Pitarra.
Se dirigió hacia el final de la barra, no sin antes humedecer por última vez sus dedos. Aunque ahora lo hizo en el pocillo donde se acumulaban las heces de las birras.  Esta vez su mano húmeda, se empleó en recorrer el cabello en la zona próxima a la frente dejando el tupé lustroso y firme. ¡Qué buen papel tenía la cerveza como laca y nutriente de cuero cabelludo pensó! Era ese un saber que le debía a la mari su primera pupila la que lo inició en eso de la macarrería...
Se llegó a la parte más oscura del antro, allí varias hembras esperaban una clientela fiel y poco exigente que las usaba como aliviadero.
Preguntó por la canaria ¿La canaria? ¿qué canaria ni que niña muerta? le contestó la pija.
Otra mujer oscura que estaba a su lado le dijo, pregunta por la gomera.
Eso la gomera eso es canarias ¿No?
Todas rieron a coro, no hombre no la gomera la llamamos así porque es la que nos proporciona las gomas.
Pitarra ni se inmutó, hizo ver que ni se enteraba de la burla. Le contestaron con guasa que la canaria como él decía llegaba una hora más tarde, como corresponde a una "ca na ria". Más risas.
Hizo un gesto de darles un guantazo a todas si volvió la espalda.
Entonces escuchó un comentario .-Jo chicas desde que tenemos macarras universitarios el nivelazo que está pillando el lupanar-.   Si si, y que lo digas este era asistente de cátedra por lo menos.
Juan (el Pitarra) para todos se dirigió lentamente a la puerta. Maldijo otra vez al ministro, al consejero, que armado de tijera presupuestaria lo había empujado a ejercer de proxeneta.
Pero era la vida, había otros que lo tenían peor, los que engañados, después de permanecer un lustro en las aulas habían tenido que salir de España para buscar un trabajo fuera. De sus alumnos de antaño sabía que el más brillante  y con mejor suerte estaba barriendo una biblioteca en Francia. Eso si era una oportunidad laboral.   
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