jueves, 18 de septiembre de 2014

Una tarde.

He llegado a casa algo mas tarde de lo habitual. Laura estaba tumbada en el sofá, dormida. El libro y una mano sobre el pecho, la otra mano caía en un arco difícil y relajado hasta el suelo. Los nudillos rozaban el parqué, frente a sus dedos una foto de su hija que ella usa como señal de lectura.

Cuando se toma a un centauro en tutoría se hace un pacto de convivencia mental. Se promete compartir sin restricciones las ideas las impresiones y el saber. Nunca he entendido, porque el colegio centauro pone restricciones o avisa de los riesgos de la cohabitación. El estado centauro nunca fue célibe y siempre promiscuo. No se a que viene esa carcunda, mas propia del clero, en unos individuos, que deberían tender al librepensamiento.
Porque aun que nuestro credo acepta un principio primero, este no tiene nada de sobrenatural. Ítem mas el principio primero forma parte de nosotros. Algo tan natural como que Laura y yo compartamos también cuerpos.
Ahora bien una cosa es compartir mentes y cuerpos y otra diferente, muy diferente compartir espacios. Compartir el despecho, el baño, la cocina, eso ya es mucho mas complejo. Y todo esto porque simplemente cuando comenzó la historia de declararme su mentor, su Virgilio, intercambiamos las llaves de nuestros apartamentos.

Supongo que Laura no ha comido, me pongo a preparar unos bucatini a la arrabiata que yo sazono con ají o chile para hacerlo mas sabroso. Empezar el sofrito y despertarse Laura ha sido uno.
-Hola buenas tardes creo que me he quedado dormida. Esta noche tuve pesadillas con el infierno, he dormido mal. Ha dicho mientras se acercaba por detrás y me daba un beso en el cogote. Laura suele hacerlo me pilla por sorpresa y besa en el sitio menos esperado. Estos besos en el cogote me dejan descordado, casi como si se tratase de un descabello. Pierdo por unos momentos el uso de la palabra y Laura disfruta con ello. Otras veces es un roce suave de sus labios bajo mi oreja...
¡Huy que se me quema la salsa!
-Supongo que no has comido.
-Supones bien, los miércoles tengo una clase a primera hora, y otra al final de la mañana. Así que he llegado aquí hambrienta y con sueño.
-Pues lo siento hoy es uno de esos días en que no quedaba nada nada hecho en la nevera. Ni un triste topillo en confit.
-No, no he mirado nada, el que tenga llave de tu piso no significa que entre a saco en el. Pensé encontrarte, al ver que no estabas, me iba a ir y
pero me puse a leer y me venció el sueño. Eso es todo.
-Pues ya que estás despierta, pon la mesa ya sabes donde guardo los platos.

Si intencionadamente, hice una arrabiata con su toque de chiles. Algo que pidiera un buen vaso de vino y de alguna manera relacionaba la comida con aquello de in vino veritas... in aqua sanitas. Hacía mucho tiempo, cuando casi no nos conocíamos en una situación parecida, Laura se me había quedado mirando fijamente y con un tono entre burlón y de reto me dijo:
¿No estarás pensando en emborracharme?
Y yo contesté, solo puedo emborracharte de la verdad, y la verdad es una fuente que mana en tu interior. Me limitaré a enseñarte a buscarla.
Laura con el mismo brillo retador en la mirada me había dicho:
Empieza.

Y empecé, aun estoy en ello.
-¡Hum! merlot, verdad dijo alzando la copa de vino que acababa de probar y mirando al contraluz el rojo rubí del caldo.
A mi me maravillan las personas que saben distinguir un vino con la seguridad que lo hace Laura. Pero me maravilla mucho más su capacidad para sacralizar algo trivial, como la cata de un vino, mientras su mente evalúa las evoluciones de su interlocutor. En este caso yo.
Supongo que alguna pista le da mi lenguaje facial. Y tiene la habilidad para distender... porque sí, era merlot, pero ella hubiera dicho la frase con igual aplomo e igual efecto si lo que tenía en su copa fuese un vino de Tetra Brik.

Al comentarle estas cosas respondió riendo:
Sabes, es como una nube que te pasa por el entrecejo. Se te ve pensar de hecho el entrecejo y la posición de los ojos es toda un compendio de la comunicación humana.

Era una tarde otoñal y fría, las gotas de lluvia golpeaban con fuerza el cristal de la buhardilla yo vivo en un, ático desván, de esos que se hicieron en tiempos de aquel alcalde que inventó la especulación vertical. Laura ha recogido la cocina y fregado los trastos. Ha dicho que si yo cocino ella friega.

La tarde propicia para tener una charla distendida muy distendida con centLaura una tarde de cama... de camaradas quiero decir. Ya contaré.
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