miércoles, 5 de febrero de 2014

Tribulaciones de Mefisto



Mefisto andaba por los trasteros del averno. Era un día que el viejo diablo se sentía taciturno, son cosas de la edad pensaba, para a continuación sentir una preocupación rara. Edad que digo si yo no tengo edad para mí el tiempo no existe.
El tiempo es una propiedad de los sistemas. Y como otras propiedades; el peso la masa el color o el sonido, son siempre interpretados por un observador. Son los otros los que me ven viejo, porque cuando cuento cosas que he vivido se les imagina que pasaron hace mucho. Pero no es así. Cómo yo les explico; el problema reside en su percepción, en su mente. Ellos tienen la visión propia del que mira por un ajimez, que digo ajimez por una saetera. Su percepción es la propia del que mira por un colimador, esa ranura que usan los físicos para obtener un haz de rayos paralelos.
Así se entiende, que su visión tenga un ayer y un anteayer quizás tenga un mañana. Mientras se decía esto; se hallaba frente al desván. Comprobó una vez más que para él la palabra trastero no tenía sentido. Todo lo que abarcaba su vista era actual, puro presente, como corresponde al eterno. Este pensamiento lo turbó unos momentos, porque Él -El Eterno- era el otro.
Allí estaba todo, toda maldad y toda superchería, todas las añagazas; que los diablos usaban en su faena. Los soberanos solios, las mitras y las tiaras -solo herramientas hechas por y para el poder y la gloria-. Los lujos el sexo, hechos lujuria y carne. ¡Bah! Chorradas, aperos de los diablos destinados al trabajo de campo. Productos promocionales para legos. ¿Pues mira tú! Si hasta un diablejo recién ascendido, había propuesto al consejo, fabricar los ardides y los vicios en China, porque así saldrían más baratos se decía.
Cuando oyó semejante propuesta, le corrió un escalofrío desde la punta de los cuernos al rabo. ¡Quién era ese estúpido? Bueno mejor dicho se dirigió al jefe de personal y preguntó, ¿Qué quién cojones era el payo ese? La respuesta aun le dejó más sorprendido: Es el tentador personal del jefe de gobierno.  
Pero es un estúpido ¿no? Claro, claro contesto el jefe de personal, nuestra política siempre trata de buscar el diablo más idóneo para cada puesto. Aquí tengo el perfil del primero y concuerda perfectamente. Según nuestros datos el citado jefe es un perfecto imbécil, solo habla para deslumbrar y en consecuencia le corresponde y se le asigna al diablo más tonto del erebo. Ya habrá apreciado su señoría, que su estupidez está garantizada, como ha sugerido fabricar en China; cuando todos saben; que el infierno tiene talleres en La India y Marruecos servidos por mujeres, que nos deben salir muy baratas y además son luego usadas sexualmente por sus amos y dueños...
Mefisto se tambaleó, como un jefe de personal podía... todas las alarmas se activaron de golpe. El infierno, su casa, su creación. El diseño de los padres diablos estaba siendo invadido por los hombres, se estaba hominizando. Vivir para ver ¡Era increíble!
Claro que como buen diablo sabía que la mente de los hombres, la mente que no el cerebro tenía un anclaje virtual en la gran mente. Eso explicaba el común ideario de los hombres, el hecho de que él el maligno apareciese en todas las culturas. Algo que un psicólogo llamó el inconsciente colectivo. Pobres hombres creían en la existencia de un ideario común para todos ellos independientemente de su raza y cultura. A ninguno se le ocurrió que era fruto de las misma mente, pura resonancia, algo tan tonto como comprender que dos motos funcionan de manera similar.
Y entonces se demudó, mira que si... mira que si por participar de algunos aspectos de la mente humana los diablos estaban infectándose de la necedad de los mortales...  
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