sábado, 4 de junio de 2011

La crisis del pepino importa un bledo.

Como dijo el sabio: Al necio le señalas la luna y mira el dedo.


La madre naturaleza dispuso un amplio ciclo de la vida. Las estaciones, marcadas por la inclinación del eje de la tierra sobre su órbita en torno al sol, producen cambios atmosféricos que tienen su reflejo justo en distintos ciclos vitales.


Pero a mami naturaleza le salió un hijo listo, ambiciosamente listo, un pequeño Frankestein que decidió trocar las costumbres del hogar materno.


Y como sabio lerdo, decidió tener fresones en invierno. Alcachofas de verano. Espárragos de otoño y setas en todo tiempo. Que bueno era todo y que suculentos dividendos. Así siguió el aprendiz de brujo modificando el ritmo de la vida, mares de plástico, protegen los cultivos sobre un suelo artificialmente enriquecido. Estiércol pesticidas, tomates con bufanda pepinos y lechugas les hizo de PVC un buen abrigo.


A quien puede extrañar, que en tales circunstancias, por el puro azar de la bioquímica, una bacteria corriente, mute hacia una nueva forma letal. Porque si no es eso, si el juego de los dados genético, no ha compuesto un nuevo monstruo de Frankestein, entonces es... es... que alguien lo ha cultivado lo a buscado, lo ha hecho.


Las bacterias, pueden ser las balas del pobre, la venganza de la tierra o la perversa respuesta de una mente enferma.


¿Que es lo que son? La historia lo dirá con el tiempo, si es que antes no estropeamos el clima y su reloj. Son cosa de los tiempos.

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