jueves, 9 de junio de 2011

Yo, ego mente cerebro y falacias

Era ayer; que pintaba a Rene Descartes meditando en la cama. Como es lógico suponer, no tengo ninguna certeza de que el célebre "cogito ergo sum"  fuese producto de una meditación en el lecho. Aunque si se sabe, que Descartes uso esa forma de pensar.


En lo simbólico, que es lo que yo perseguía, si se pued coniderar valida la imagen. La meditación el pensamiento fructífero, parece reclamar una cierta calma del cuerpo.


Pensar es una actividad que auto-compensa. Se percibe un estado de placidez cuando el pensamiento es como en el caso presente filosófico.


Ahora bien el pensar; es decir, el asociar determinadas percepciones sensoriales directas, con otras experimentadas con anterioridad para obtener conclusiones nuevas, es un trabajo. Como trabajo produce fatiga. ¿Sabíais? Que con aproximadamente el 2% de nuestro peso, el cerebro, consume el 20% de nuestra energía.


Ayer también definía el Yo el Ego, como un manojo de emociones. Cualquiera que sea la forma de aproximarse al Yo; se suele hacer de dos formas, bien como la respuesta bioquímica del organismo a un estímulo. La versión Damasio. O una sucesión de estados de excitación emocional. Versión res cogitans de Descartes.


Sin embargo queda un campo de descripción práctica. En el que por ejemplo estarían las opiniones y los prejuicios. Opinión, es algo que todo el mundo tiene de muchas cosas. Tener opinión es un halago al Ego. Quiere decir que presupone que la mente, ha reflexionado sobre un tema, ha tomado datos a contrastado posibilidades y ha emitido opiniones. ¡Nuestra res cogitans funciona!


Pero no es así, el tener opinión o el llegar a tenerla, no garantiza la calidad del proceso mental. No garantiza tener criterio. Se puede llegar a tener una opinión, mediante un prejuicio. Es decir saltando los procesos de cuidadoso análisis.


La mente también le gusta hacer economías. Pero a la mente también le gusta premiarse,  es probable que determinados pensamientos y opiniones generen un cocktail hormonal que nos resulte especialmente sabroso.


Os pongo un ejemplo:


Supongamos, que conozco a un señor octogenario. Soñador de independencias para su nación (Catalunya) al que repetidamente se le oye afirmar < Me moriría muy feliz y supiera que mis nietos disfrutarán de una Catalunya independent> Y se le queda una cara de placidez imaginando esa situación irreal  que le produce probablemente un chute de endorfinas.


En su enunciado hay varios saltos, prejuicios que niegan la validez de su afirmación:


Una Cataluña así, -y hago un análisis no fundamental- tendría como primera medida un Barça inviable ¿Con quien jugaría la liga? ¿Le daría caché para fichar las figuras que tiene en plantilla? Lo mas probable es que no. Jugaría con el Mónaco o el San Marino pero probablemente no podría mantener por un equipo de estrellas. De la misma manera mucha de la industria local tendría que competir con otros mercados y hablando de fiscalidad, dejaría de recadar el IVA que ahora cobran de sus ventas en España, Algo que como impuesto al consumo lo cobraría el país de consumo final.


Otra falacia del pensamiento, es poner un condicionamiento a su muerte. La que supongo se le presenta -por la edad- como cada día mas inevitable.


A ver usted se morirá cuando su organismo no de mas de si, cuando la ciencia médica no tenga mas medios o su existencia no tenga valor, es decir cuando el debe de las discapacidades sea mayor de la satisfacción de vivir.


Por si fuese poco el rapto de egoísmo... pone la meta la hipotética meta en sus nietos, es decir se salta así de un plumazo la transición de una autonomía a una independencia. Algo que solo por el cambio que supone sería traumático en una u otra medida. Hay veces que en las redes sociales se leen cosas como, que lo echen, a la cárcel, pues bien eso es una falacia mental un atajo para dar curso al cabreo que produce una noticia. Pero no son solución de ningún problema. Solo la producción de un cocktail hormonal que nos equilibra de momento ¡Que cosas tiene la mente! Tendremos que vigilarla de mas cerca.


Darío

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