viernes, 26 de agosto de 2011

El Café con Alfonso

El café con Alfonso fue largo y amable. Os diré que bajo el nombre supuesto de Alfonso oculto a un Bilbaíno. Era hijo de un empresario vasco, una de aquellas fortunas familiares que tenían su asiento en la margen derecha de la ria.


En el periodo que llamanos transición democrática, muchos empresarios acosados por ETA, dejaron su tierra y negocios para irse a vivir al Levante y Andalucía. El padre de Alfonso fue uno de ellos. A Alfonso, lo conocí en Alicante. Educado, con una carrera en Deusto, creo que derecho, se planteaba entrar en política, tenía sus ojos puestos en la carrera diplomática. Pero dejemos que cuente:


La ultima vez que te vi me disponía a intentar el ingreso en la carrera diplomática. Pero cuanto mas estudiaba menos me apetecía. Al final hice un año de reflexión me matriculé en filosofía y terminé en el seminario. Me ordené sacerdote. De eso hace ya diez y nueve años.


Te he oído en el sermón, veo que no has cambiado mucho.


El tema de la fe era nuestro favorito, recuerdas, en la transición nos preguntábamos en que creer. Si valía la pena dedicar toda la vida a un afán político. Sabes que pronto comenzamos a ver trepas, gentes que su motivación era el medro personal, gentes que no dudan en pisotear a otro por conseguir su fin.


Yo no es que vaya mucho por la iglesia pero me ha sorprendido ver un grupo de chicos jóvenes a esa hora en misa. Supongo que van por ti.


No vienen porque hay alguien que les habla a calzón quitao. Cuando llegué a este barrio a la iglesia solo acudían ancianos la mayor parte mujeres.


Pues la cara que ponían hoy...


Hoy y todos los días, suelen acudir al obispado con quejas cada dos por tres.


Vaya te crean problemas.


Alguno si, me defiendo diciendo que ellas no me necesitan, que ya tienen su iglesia, que a los que hay que atender son los jóvenes. De momento me han dado un plazo de confianza, pero me temo que tendré que dejarlo.


Hoy has sido sorprendente.


Hoy he sido como siempre claro. El hombre ha de creer en algo, tener fe en algo, si no la tiene tampoco espera nada y el que no espera nada no se ve obligado a practicar la caridad. Son tres virtudes que la iglesia llama teologales. Si no crees en nada y nada esperas como practicas la caridad. Sin caridad entendida como amor al hombre tampoco hay justicia fortaleza templanza prudencia...


Las virtudes cardinales.


¡Bah! las virtudes griegas. La Areté griega, cristianizada. Andreia (Valentía), sofrosine (Moderación) y dicaiosine (Justicia). Todo lo que nos falta ahora en nuestra sociedad en nuestros políticos.


Tienes más razón que un santo.


Tenemos una crisis económica porque padecemos una crisis moral.


En la política en la empresa y hasta en la iglesia.


Si, dijo con un tono de tristeza, hemos perdido valores hemos perdido el norte. Mientras no lo recuperemos no hay salida.


Comprendes que quiero hacer y porque. Claro creo que te entiendo perfectamente.


En su cara volvió a brillar una luz la misma que yo creí verle en la misa.



Darío


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