domingo, 21 de agosto de 2011

La Choni

El otro pasado Viernes 5 al dar cumplida cuenta a un escrito de Lola Gracia . Salía a relucir el nombre de La Choni. Hubo una vez en mi vida que por circunstancias familiares tuve regentar un establecimiento de hostelería. El garito nada de llamarlo restaurante estaba ubicado en un barrio viejo. Uno de esos barrios autarquícos, el resto de un villorrio antiguo, que un día fue fagocitado por la gran urbe. Como corresponde a un pueblo, el barrio tenía de todo. Sus ultramarinos carnicerías sus pescados. Y como no, su zona oscura, su hotel de parejas dudosas algo cutre como corresponde a los adulterios de barrio.


Pues bien allí conocí a La Choni. Reinaba en el prostíbulo del barrio, era la jefa. No se si me avisaron si lo intuí yo o ella hizo algo para presentarse. Lo cierto es que cuando se está detrás de una barra de bar todos los clientes son iguales. Señoras y Señores dignos del mas exquisito respeto.


La relación se fue a poco consolidando sobre dos premisas claras.


1ª Choni puedes venir a mi casa cuando quieras, encorarás el mejor de los servicios probables la discreción mas absoluta y mi franqueza.


2ª Nunca iré yo a tu negocio, ni haré nada que nadie pueda interpretar como que soy cliente. Y por supuesto ni te conozco, ni se de ti, ni hablaré de ti. ( Es una norma de discrección que aplico de forma generalizada y que me ha evitado muchos sofocos)


Creo que esto quedó muy claro desde el primer día. Gracias a ello gané una cliente fiel. Solía aparecer a media mañana pedía la mayoría de las veces un bocadillo de pebrots tonyina i olives al que solía añadir un bitxo (guindilla). Si no había nadie en el establecimiento siempre se había entre los dos alguna broma picante. Cosas como que yo la saludase con una frase como tinc avui uns pebrots... o que ella dijese a veure els teus pebrots noi.


Así supe que había sido secretaria, una mujer liberada de los años 70, que nunca puso pega a acompañar a los jefes de viaje. Que por lo general ella ya estaba de vuelta cuando los jefes iban. Terminó siendo una buena secretararia de dirección ideal para congresos y ferias. No se, ni me importaba cuando y como llego presidir esa corporación sita en un barrio barcelonés. Ni quien la bautizo como La Choni. Supongo que algún kamasutrero de la época en evocación de la forma de sánscrita de llamar al órgano sexual femenino.


Así me enteré de muchas cosas del oficio. También comenzaron a parecer amigas suyas incluso de un club competencia del de Choni, Y todo siempre con discreción y respeto.


Un día apareció una morena joven de escasa la veintena, su piel era brillante, su boca carnosa, la mirada dulce y los gestos denotaban timidez. A primera vista y aun a segunda me hubiera costado identificarla con una de las chicas de Choni. Pidió un bocadillo una cerveza lo tomó en silencio pagó y se fue. Varios días mas tarde apareció con una bolsa y pidió tres bocadillos. Dijo que trabajaba cerca. Esta vez los puso en la bolsa y se los llevó, las cervezas las pidió de lata para no tener que volver. No se como explicarlo, pero la niña me caía bien. Era guapa muy guapa su cara de una dulzura que aún recuerdo y sus formas los pechos las nalgas y las piernas eran bonitas y armónicas. Uno de los días entre los bocadillos que pidió, había uno de pebrots tonyina olives i un bitxo. Comprendí inmediatamente, quien era la persona que la mandaba por el bocata. Pero no hice el menor gesto. Aquella o la siguiente tarde pasó La Choní por la puerta. ¡Hola Hola! Oye que no vengo porque tengo mucho trabajo ahora pero te mando a una de las chicas a por los bocadillos.


¡Ah vale! Contesté, hasta cuando quieras o puedas. Si si es que llevo unos días... No se si pasaron tres cuatro o tal vez mas, hasta que Choni apareció a su hora habitual.


Holaa Què tens?


Pebrots?


No, avui no, prefereixo pernil.


¿Te gusta La Mari? Es la chica de los bocadillos.


Es muy guapa cierto, me dijo que trabajaba en una oficina por aquí cerca y no la relacioné contigo hasta que no pidio el bocata de pebrots amb bitxo. Es muy callada.


Si, es una chica magnífica, un ángel si lo sabrá La Choni que lleva años en este oficio.


Por cierto dice que le gusta como la tratas, suele salir de ella el hacerse cargo de bajar a por los bocadillos. Sonreí de la manera mas críptica posible.


Pasaron los días y María -La Mari- seguía viniendo por bocatas con cierta regularidad. Se sentaba en un taburete de la barra mientras se los preparaba. Solía sonreír yo también le sonreía, alguna vez, hablamos del tiempo ese intercambio de frases hechas que se se hace cuando no hay otra cosa que decir. Hasta que un día. Sería eso de las diez de la mañana cuando delante del Bar paró un coche de la policía. Bajaron dos guardias, buscaron un numero de la calle, llamaron a un timbre y se precipitaron en el portal. Pasarían unos veinte minutos, no mas, cuando vi salir a uno de los guardias, entró en el coche patrulla y hablo por radio. Se volvió a meter en el portal. Minutos mas tarde bajó el segundo. Se dirigió hacia mi establecimiento y entró.


Buenos días


Buenos días


¿Conocía usted a Manuel Salvat?


¡Ah1 el Manu solo de nombre por aquí entraba poco.


Ha aparecido muerto en la ducha.


¡Coño! Dije sin poder ocultar la sorpresa.


Tenemos orden de no dejar entrar a nadie hasta que venga en Juez y el Forense. Ahora mandarán un equipo de huellas por si acaso.


Bien, quiere usted un café mientras espera, no es buen desayuno el que le dan.


Desayuno, yo debería haber terminado el turno hace una hora y estar ya cenando me han caído horas extras atestado papeleos ¡Venga ese café!


Continuará


Darío

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