sábado, 13 de agosto de 2011

Un Viaje a Marineda

Dejaré hoy mi retiro en Bergantiños o en a Costa de Morte; ¿Quien sabe? Tal vez sea en otro sitio de esa basta y agreste orografía gallega, que solo tiene al mar por frontera.
Salimos pronto. Una espesa bruma da al paisaje algo de fantasmal. Atravesamos un bosque de eucaliptos y allá abajo jirones de bruma, parecen bajar a buscar el baño de mar, que les da vida. Acantilados poblados en sus crestas por aves marinas, abajo en la orilla escasas y estrechas fajas de piedra solo holladas por percebeiros, de voluntad y carácter tan rudo y firme como esa costa de inverosímil mapa.

Si en Galicia hay meigas este debe ser su reino. Aunque... recuerdo una tardada veraniega en que en breves minutos el cielo se encapotó. El aire se tiñó por unos segundos en un baño de oro, dando a todo el aspecto de un viejo retablo de iglesia. Para pasar con rapidez a transformarse en una aguada cenicienta y sucia. No creo en las meigas, pero de haberlas las hay aquí, jugando con los paisajes, pintando de ceniza y tiniebla los alegres pastos, los maizales verdes y dorados. Todo es sombrío, las aves callan y se diría que la tierra paraliza la vida por maleficio.

Una vista a casa de La Pardo Bazán. Ya se que no parece muy respetuoso escribir de Doña Emilia tratándola con esta familiaridad. Pero me gusta la contundencia de sus apellidos. Rosalía rima con poesía y Concepción Arenal tiene algo de adusto de la prolijidad del derecho. De Rosalía visté su Pazo de la Matanza el año pasado es curioso la geografía gallega parece tener polos. Rosalía y Cela en Iria Flavia. Emilia Pardo y Wenceslao Fernandez Florez en Coruña. Pablo Iglesias y Concepción Arenal Ferrolanos.

El primer pequeño desencanto, surge cuando preguntas en la calle donde se halla la casa. Te miran raro, te envían a otro museo. En fin.
Doña Emilia nació en la calle Riego del Agua, en una casa hoy inexistente. La familia se mudó a una casa en el numero 11 de la calle de las Tabernas. Es un Sólido edificio del siglo XVIII donde hoy tiene su sede la Real Academia Gallega. Allí se conserva parte del legado de Doña Emilia. Sus abanicos, cuadros con su imagen, recuerdos de sus amigos, pero sobre todo sus muebles. La mesa que fue su escritorio desde cuya ventana se contempla la imagen de Santiago a Caballo en el tímpano. Y dos figuras sobre las que no hay acuerdo de a quien representan protagonistas y testigos de uno de sus cuentos. Estar, en uno de los múltiples gabinetes de trabajo que esta intelectual utilizó en su vida impresiona. Los datos, fondos y documentos sobre ella desbordan lo que se puede aprender durante la vista. Al final me obsequian con un ejemplar de La Tribuna, cuaderno de estudios pardo bazanianos.

La visita ha durado casi una hora, vamos a comer en las inmediaciones de la Plaza de María Pita y mas tarde haremos un recorrido por el casco antiguo de Marineda el nombre que da ella a La Coruña en sus novelas. Aunque a Marineda quiere ponerle adornos cántabros en algún caso, en La Tribuna y en La Piedra Angular por ejemplo, La Coruña deja muy bien dibujada su topografía.
Darío
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