domingo, 6 de abril de 2014

Hoy tocaba La Cursa.

Treinta minutos antes del comienzo ya estaba yo en la meta preparado, mis Nike Las Ray-Ban, el móvil en el antebrazo hecho un figurín Decathlon. Este año he añadido a mi equipo unos auriculares estéreo, que me permiten seguir las instrucciones de mi personal trainer. Estas son seleccionadas por un microprocesador que percibe mi ritmo cardíaco y la oxigenación de mi sangre.
Porque nunca fue dicho que para batir marcas no fuese legal aplicar la técnica. He hecho unos primeros 50 metros fabulosos en cabeza de la carrera, entonces mi sabio asesor me ha dictado por los cascos la orden imperiosa de tomar un bocata de lomo bacón y queso con su correspondiente cervecita ya que al parecer mi baja de azúcar en sangre así lo exigía.

Y es que a mi personal trainer, lo contraté en McDonals y es lo mejor de lo mejor en su género.
Por lo demás, la chusma ha seguido corriendo; mas de 70.000 tíos y tías haciendo el ganso y produciendo unos atascos épicos en Barcelona. ¡Porque a ver que sentido tiene que El Corte promocione una prueba de este tipo? ¿Espera tener los clientes más veloces! Es solo publicidad para la casa.


En el fondo es preocupante esta demostración de gregarismo que pasa por ser la mayor de Europa.

Es esa la duda que me asalta, cuando ya corregida mi curva de glucemia, me he puesto a verlos llegar en la meta, veía en sus caras la fatiga sin sentido, la sed horrorosa y la necesidad de tragarse una lata de Coca Cola eficaz reconstituyente que unos voluntarios repartían entre los participantes con la misma velocidad que la firma reparte ERE`S y despidos.

Al final, hervía la plaza de Cataluña en un gentío, en una pluralidad de aromas de axila y perineo capaz de marear a un sabueso con anosmia. Supongo que ese es el sentido final y animal del acto social, el animal que suda unido se siente mas partícipe de la masa. Un gran secreto de la integración social, los clientes de una marca los son por su capacidad de compartir su olor corporal. Nada de hipocresías, de desodorante y jabón, nada de camuflajes a lo Chanel Carolina Herrera o cosas por el estilo. Lo que mola es un olor acre con cierto regusto de crianza, me temo que pronto Paco Rabann o cualquiera de ellos nos puede sorprender con una horterada inspirada en el evento. Ya imagino el anuncio huela a Barça Campeón el olor de la columna vertebral de la selección española.

En fin y si lo que me sucede en esos aromas he respirado los restos de algún anabolizante, de algún poderoso elixir de los que usan los atletas. Tal vez quizás sea eso lo que me produce esta coprolalia irrefrenable. Me lo haré mirar cierto.

El paseo termina, sin prisa crucé la Catedral, El Gótico, La Merced y hasta el puerto, paseo por Juan de Borbón hasta el espigón, y vuelta a casa en auto-bus, colapsado por los que había en la calle los corredores sus familias y los negros manteros.
Aunque puede que el año que viene Dios mediante me haga charnego, tuso noctílope, antes que sabueso con anosmia que para eso ya están los de siempre, los políticos cuando tienen que enterarse de las necesidades de su pueblo. Vamos que ni las huelen.
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