sábado, 12 de abril de 2014

Los hijos del cacique

Habían llegado noticias confusas. Los hijos del cacique habían ido a pescar el río prohibido. No solo era una afrenta a los dioses también el chaman, oráculo del tótem estaba ofendido.
¿Acaso no sabían qué había que reservar ese curso de agua a los ancestros?
Acaso la tradición sagrada, no contaba con toda claridad ¿Qué en esos regatos bebían los muertos? Acaso no sabían que ese era el paso, la puerta de las almas a los eternos cazaderos. Allí moraban años enteros, hasta que puesta en orden su conciencia eran admitidos en el más allá en lo eterno.

Parecían no saberlo no importarles nada, el antropólogo que vino de Europa lo había dicho la veda el acotado de los ríos, la limitación del uso de recursos bajo la forma de un mito era la garantía de la vida futura.

Pero no, los hijos del poder, llenos de egoísmo vulneran las tradiciones y los acuerdos. Se apropian de los recursos que en el futuro, garantizan la vida de la tribu.
Era como en casa, como en Europa, un grupo de ambiciosos carroñeros, esquilmaban los recursos del pueblo. En la tribu era la tradición los ancianos los muertos. En Europa se llamaba ética decencia y respeto.
Estaba anotando esto en su cuaderno de campo, cuando flotando en las aguas proviniendo tal vez del tabú de la zona oscura llegó hasta la orilla flotando un cuerpo. Era uno de los hijos del cacique al que los hados alcanzaron en su ira, era el primer hijo del cacique muerto. De los otros nadie habló nadie quiso pensar en su fin atroz pero todos los dieron por muertos.
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