jueves, 14 de julio de 2011

Menú del día. Croquetas de Chorizo.

Hay algún comentarista político, de esos que siempre escriben en contra de la izquierda. Que en el paroxismo de sus ataques, hacía hoy una comparación de la forma de comer, en un acreditado restaurante madrileño, y la cocina popular y ácrata de La Puerta del Sol.


En su brillante escrito y referido a las croquetas; ya saben ese engendro fabricado con los restos del cocido. Nombraba la delicadeza de los clientes que desde 1839 degusta esta fritanga de alta gastronomía, con un típico cocido madrileño y como no un no menos celebrado Soufflé.


El local emplazado en La Carrera de San Jerónimo suele recibir la visita de parlamentarios dada la proximidad de su "centro de trabajo".


Yo me he permitido recordarle, que hoy 14 de julio los franceses celebran la toma de La Bastilla algo que sucedió hace 222 años. Me he permitido recordarle además, que los actuales representantes del pueblo español, deben en cierta forma su escaño, a esos sans culottes que impusieron junto con la revolución, el sufragio directo y el parlamento como forma de participación democrática.


La croqueta es pues un paradigma de popularidad y democracia. Un grito del pueblo llano elevado a alimento de nuestra élite social, pero algo que la fineza y educación impide comer con las manos.


Atendiendo a la comparación establecida. Democracia es por tanto comida popular hecha sobras, adobada especiada y refrita para ser comida con protocolo versallesco.


¿Imaginan ustedes? Que puede suceder dentro de otros 222 años, cuando nuestra política haya asumido los cambios de los actuales sans culottes. Cuando en las inmediaciones de los parlamentos se sirva como una gran delicadeza unos trozos de salchicha cocinados al fuego de basura y regados con popular litrona. ¡Oh que gran triunfo de la democracia! Seguramente algún Savarin de la época reclamara indignado algún nuevo uso.


La realidad es esa. La política es siempre un refrito, un salpicón de sobras aliñadas con lugraes comunes. Plato que se sirve a destiempo en una venta de ladrones. Para ladrones quiero decir, fantasmas que siempre ofrecen un menú de mentiras sazonado de incertidumbre. Eso si comido con el mas exquisito de los protocolos.


Darío


No hay comentarios: