miércoles, 27 de julio de 2011

Hacia la tierra y obra de Emilia Pardo Bazán

Ha sido una experiencia bonita el intentar un ensayo sobre La Regenta en el formato de novela o cuento por entregas.


La dificultad mayor la he encontrado a la hora en ponerme en el sitio del narrador y el personaje. Al final pienso que es mas fácil escribir ciencia ficción, que novela contemporánea o antigua. Es mas fácil traer a Ana Ozores a nuestro tiempo (ciencia ficción) que intentar alumbrar el suyo.


Ahora cuando me enfrasco en la vida y obra de Doña Emilia Pardo Bazán, es el momento de valorar las dificultades. Doña Emilia y los personajes de sus novelas comienzan a leer y escribir a la luz de velones. Con plumillas de acero un lujo, o plumas de ave corrientes. La pluma estilográfica y la maquina de escribir son del ultimo tercio del siglo XIX.


No parece tampoco que nuestro país fuese muy a la vanguardia de estas tecnologías. El transporte de pasajeros era la diligencia, el ferrocarril hacía aun mas ruido y humo que kilómetros la red.


Póngase el lector en este marco, y verá que las ideas de la época tenían que ser acordes con la tecnología y la cultura. No quiero decir con eso que no hubiera en nuestro país mentes lúcidas y profundas. Lo que deseo es subrayar que el común de los hispanos y muchas mujeres demasiadas analfabetas. Esas gentes permanecer aun en un limbo filosófico y cultural anterior a la ilustración. Pero curiosamente tenían opiniones políticas o se las daban. La Pardo Bazán niega a la izquierda el ser capaz de resolver los problemas de la mujer. Dice que como mucho resolverá su situación laboral. El machismo de izquierda llega al extremo de llamar proletarios nunca proletarias. Etimológicamente, proletario es el amo de la prole. Aquel que su fuerza es alquilar sus manos y la de sus familia. Una vez mas la mujer es despojada, ya que parece natural que la dueña de la prole sea ella. Pasaré por Rosita la Cigarrera, La Tribuna, las dos con ambiente en fabrica de tabacos. Otras Carmen pero con distinto desarrollo.


Veremos como os cuento tantas cosas...


Darío

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