domingo, 23 de marzo de 2014

Sueños

Hoy como cada treintaiuno y de abril, el día que definitivamente la perdió Jhon comería albóndigas. Era una tradición, recordaba como ella controlaba los ingredientes, la carne, el pan, la leche, el ajo, el huevo... un ramito de perejil.

Su mezcla era un rito, y la confección de las bolitas toda una artesanía. Pero hoy sería distinto si, si distinto nada de carne, hoy serían albóndigas de boquerón con sepia el mismo huevo la leche, y el pan en vez de ajo una mezcla de pimentón y ajo. El pimentón se dijo, se pone en el pulpo ¿porqué no ponerlo en la sepia?

Y para la salsa usaría la tinta, eso es albóndigas de boquerón a la marea negra.

Primero pasó por la sartén los trocitos de sepia, comparados con el pescado necesitaban más tiempo. Por otra parte era Semana Santa y que menos que dejar al menos este año la carne en la nevera.

Decidió añadir a la salsa una pequeña dosis de nuez moscada, con la esperanza de su acción fuese afrodisiaca.

Tal vez fue ella la culpable, recordaba vagamente haber tirado el frasco y respirado el polvo de la Myristica fragrans y tal vez eso fue causa de sus alucinaciones.

Entonces se contempló en la cocina, era treintaiuno de abril Jueves Santo y la cocina brillaba de un modo extraño.
Entonces la vio sentada en su sillita de enea, no más alta que un jeme, allí estaba ella, había vuelto otra vez. Sus alitas plegadas parecían un tutú... O tal vez no se había ido nunca.
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