lunes, 24 de marzo de 2014

Cocinillas



Pues nada que como los tiempos están como están y las cosas son como son voy  comenzar una sección de cocina.
Tengo en mis manos un libro de Emilia González Sevilla titulado El Fogón del Pobre. Porque no hacer unas recetas de esas que casi están olvidadas y sin embargo.
Porque lo que es insultar al estómago y a la tradición para eso nos pintamos solos.
Por ejemplo he estado varias veces en Vic donde tuve la fortuna de recibir un salchichón artesano que no olvidaré mientas viva. Era la tal pieza una taracea de magros con algo de tocino  de una dureza poco común, por lo lustroso y tono se diría ébano por lo duro palosanto.
No recuerdo si fui capaz de hincarle el diente o si por un casual lo doné al museo diocesano de la ciudad como supuesta parte de una de la momias que allí guardan.
Pero eso no fue todo cuando años después volví durante una semana de la escudella tuve el honor de catar en un puesto del mercado un vasito irrepetible del preciado tesoro catalán. Contaba con sus albondiguillas -pilotas-  y un sabroso aguachirle en el que había habido alguna vez un poco de pasta. Tenía la firma del grupo Carulla en lo industrial, y de algún aprendiz de brujo en la confección del engendro ¡Con lo fácil que es usar el Avecrem! En fin lo siento son cosas de la gastronomía que no entiendo.
Porque si es loable y hasta digna de envidia esa excelencia gastronómica del pan con tomate; seguramente nacido para aprovechar un tomate pocho y un pan seco. No lo es tanto la manía de colocarlo todo con el dicho complemento. Porque lo que se hace es desvirtuar la esencia de lo que monta sobre se pan. Por ejemplo no hay forma más segura de destrozar un jamón ibérico que ponerlo a caballo sobre ese garañón de la cocina que es el pan con tomate.
Pues bien los de Vic con el mismo criterio no solo deben destrozar su salchichón también hicieron naufragar las pelotillas de la escudella.
Y para demostrar que la excelencia no está reñida con el precio ni con la inventiva mesurada os invito a buscar una lata de Foïe Gras en Lidl la hay mu dignas por menos de cinco euros y cortar una lochas sobre un plato de lentejas viudas y tibias. Placer de dioses afirmo.    
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