sábado, 14 de mayo de 2011

Microrelato (a propuesta de Anna Rosell)

Ayer, en la lectura de poesía de  El Laberinto de Ariadna, me proponía Anna Rosell que porque no hacía un microrelato con este tema  ¡ Ahí va!


Corría el año 1857 un día de finales de invierno. La primavera siempre se retrasa en París, un hombre delgado de fracciones alargadas correctamente vestido y cuidada barba, penetra en el patio de La Bolsa.


En aquel tiempo de liberalismo económico,  el empuje de la aun naciente sociedad industrializada, comenzaba dividir la sociedad en dos clases. La burguesía industrial y lo que luego vendría llamarse proletariado.


Nuestro hombre se acercó a un corro de personas, casi sin intercambiar un saludo recibió la siguiente pregunta:


¿Qué opina usted Julio? Es un buen índice el numero de esclavos de un plantación para dar créditos a sus dueños. En esa época de contrastes, todo comenzaba a tener un valor de referencia en dinero (pocos años antes Nathan Mayer Rothschild de la familia de banqueros de su nombre, aceptaba esclavos como garantía financiera).


Nuestro hombre contestó: No no; como demostró el Marques de Pombal al abolir la esclavitud en Portugal, el hecho de cambiar esclavos por asalariados; hombres que eligen en que gastan su salario, es una gran ayuda para el crecimiento económico. Piense usted que el trabajador, se hará tarde o temprano acreedor a un crédito, sentenció, no sin dejar de subrayar con el tono de voz, lo irónico de su respuesta.


¿Acreedor a deudor dice usted?


Al mismo tiempo otro de los presentes lanzó otra pregunta y ¿Qué piensa usted como inversión de futuro?


Mire, hay una nueva compañía de ferrocarriles recién fundada en España. Se llama MZA por las ciudades que unirá Madrid Zaragoza Alicante. Tiene un capital ciento veinte millones de francos franceses, es una buena opción.


¿Ferrocarriles en España? ¿Esclavos asalariados? ¡Que imaginación tiene usted señor Verne!


En aquel momento un ujier se acercó al grupo y preguntó ¿Señor Julio Verne? Acompáñeme por favor preguntan por usted en el despacho de dirección.


Darío

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