lunes, 21 de octubre de 2013

La Comehombres



La llamaban "La come hombres" a ella, a ella, que le costaba saber cuando había sido la última noche buena.  Ella, que tenía más San Esteban en sus alforjas, con su correspondiente historia de lapidación,  que navidades. Porque si, a puro de exprimir los recuerdos podía recordar alguna Nochebuena; pero nochebueno eso ya era otro cantar. Añoraba una larga velada, con un buen tronco entrepiernas, nochebueno, y un enfrentar el alba, con rosada, en un tibio despertar. Pura epifanía del amor carnal.
En fin era su sino, había sido adscrita a las come niños. Grupo de mujeres que como dice el refrán de la bigotuda, de lejos se las saluda.
Cierto que José le había intentado explicar pacientemente, cuales eran los rasgos de su conducta que espantaban al macho de su lar. Pero ella no entendía, que por querer parecer una mujer libre, tuviera que apechar con la etiqueta de zampa-machos. Era y de eso estaba segura una maciza, una tía buenorra, algo según sus cálculos codiciable. ¿Porqué entonces? esas prevenciones en el sexo duro hacia ella y las que como ella hacían suponer, cierta facilidad para el ayuntamiento ocasional.
La pobre nunca entendió, que su percepción del macho folla-cabras, aquel ser lúbrico como un fauno, de mirada castigadora aquel individuo capaz de someter ejércitos completos de hembras solo era una invención. El Don Juan poderoso procaz y proactivo solo era un mito. Se marchitó en la soledad más miserable, sin comprender que su conducta también procaz y proactiva no era apreciada, correspondía a una percepción estereotipada. Correspondía a una posición insostenible y falsa. Que si lo que quería era tener un nochebueno que le calentara sus soledades le calía precisamente lo contrario dejar fluir, dejarse hacer...       
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