domingo, 3 de noviembre de 2013

Carlos


Carlos ignoraba mi experiencia laboral anterior.

Tal vez si la hubiese conocido, pero también hay que reconocer, que debería haber tenido una experiencia a fondo en la cuestión. Eso es más difícil.

Pero ahora que caigo, tu lector, tampoco sabes quien te habla y que es.

Digamos que me llamo También Carlos; que soy consultor de empresas, bueno que trabajo en un equipo de consultores.


Una empresa, al igual que una familia, puede necesitar a lo largo de su existencia apoyos puntuales en áreas concretas del conocimiento humano.

A saber. Recursos humanos, laboral, contable, fiscal... hasta puede necesitar un soporte en su conocimiento propio. Un apoyo a sus ingenieros, químicos, arquitectos.

Parece extraño que una empresa tenga que recurrir a un ingeio externo para solventar un problema de producción pero así es. Bueno exactamente no, hay mucho que hilar en el consulting.
Yo tengo la ventaja de llegar a la empresa desde el campo de la publicidad y marketing. Es el área de conductas humanas de proveedores y clientes.
Es decir con aquellos que consumen lo que producimos y con todos aquellos que nos suministran la materia prima que usamos. También los bancos y/o los accionistas están incluidos dentro de este grupo de proveedores.

Pero me vuelvo a centrar en el tema, que si no os aburriré con una disertación que no viene al caso. Decía que lo que Carlos ignoraba de mi; era que y poseo un instinto, desarrollado después por una profunda experiencia, de eso que se llama relaciones humanas. Pero relaciones humanas en un clima, en un ambiente psicológico de supervivencia.

El consultor, suele entrar a trabajar llamado por una empresa, para resolver un problema humano. Es decir suele ser llamado por alguien, para que haga de fiel, de contraste entre diferentes opiniones y conductas que chocan entre ellas.
Opiniones encontradas que pueden poner en riesgo la totalidad del negocio. Eso plantea, que en muchos casos el primer movimiento de de los grupos enfrentados sea el de una aproximación del ascua a su sardina.
¿Se entiende verdad? Un decir cosas tales como este señor que sabe mucho, y que nos cuesta un pastón, les dirá que la razón está de mi parte.
También he asistido a intentos de chantaje tales como recuerde señor consultor que está trabajando porque le paga precisamente el que habla.
¡Pero hombre Don José! Que el dueño del 60% de la empresa sea usted y el otro 40% de su hermana, no significa, que su cuñado no tenga razón o mejor dicho, que no tenga razones.

Ese ha sido durante bastante tiempo mi trabajo, coordinar los esfuerzos y hacer viables las situaciones, poniendo de acuerdo intereses financieros y producción.
En realidad tampoco es eso. La labor de mi consulting llevaba a generar en el cliente la forma correcta de preguntarse sobre su conducta.
Quien lo iba a decir ¡Recetamos una introspección!
Para llegar a enunciar lo que se quiere decir, pareciendo que se dice lo que el interlocutor quiere oír. Y lo más importante habiendo hecho una valoración previa de lo que me dicen y sus porqués. Malabares sociológicos ¡si señor!

Por eso cuando noté que Carlos pretendía usarme como arma contra sus enemigos me alerté.

En fin, otra vez en el ejemplo del partido de tenis de dobles. Otra vez, a demostrarles a todos, que el enemigo, el mercado, estaba al otro lado de la red.

Que poner zancadillas al compañero es un suicidio. ¿Verdad que parece fácil? Pues no lo es tanto o no lo debe ser, cuando este ha sido el escollo a resolver de la mayor parte de mis trabajos.

Continuará

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