viernes, 17 de mayo de 2013

El Retrato de Luis



Luis, resultó ser un fiera en la cocina, aparte de gusto tenía instinto, algo innato para la organización del trabajo.

El primero en notarlo fue Manuel, se sorprendió gratamente con sus dotes de organización, era capaz de mantener en la memoria tres comandas mientras preparaba otras tres más.

Los componentes de un palto entraban caían al fuego en el tiempo justo. Adelantaba aquellos que necesitaban un tiempo más largo y por si fuera poco controlaba mentalmente aquellas otras viandas que se hacían en el horno o al vapor. Y todo lo hacía con lo que parecía lentitud y parsimonia

Alguna vez, la Paqui, que era algo mas fogosa le desesperaba un poco la aparente lentitud. Solía preguntarle ¿cómo está el cogote de merluza con angulas? ¿Y el rape de la seis?

Luis sin inmutarse contestaba tres minutos para el cogote cinco para el rape... no hay problema.

Era casi matemático pasaba la sartén para emplatar el cogote cuando se oía en el pasaplatos la voz del camarero. ¡El cogote de la mesa cuatro! Y allí estaba divinamente presentado con su salsita y angulas. En el plato caliente y todo en su punto.

Pronto Manuel y Paqui comenzaron a sentirse a gusto y seguros con Luis. Tenía la facultad de no alterarse y sabía hacer coincidir su ritmo con el del comedor. Y aunque no fuera su cometido no abandonaba la cocina hasta que el ultimo cacharro estaba limpio en su sitio y en orden de revista.

Fue un día, no sé si por una huelga en el sector o porque motivo, que terminada la cocina aun quedaba por lavar la vajilla del comedor.  Paqui, fiel a su forma de ser,  se vistió el delantal  y comenzó maquinalmente la faena.  Luis sin mediar palabra se puso a ayudarla. Era un trabajo pesado algunos platos habían quedado en cestas de plástico y había que acercarlos al lavadero a mano, podían llegar a los veinte kilogramos cada una. Cuando la Paqui se agacho a por una de las cestas, Luis se adelantó, sus cuerpos se rozaron dado lo estrecho del sitio. Paqui ya erguida, pudo observar sus brazos lo recto de su espalda y las nalgas y muslos firmes y prietos. No supo si era el calor corporal de Luis, su olor o era ella la responsable de esa sensación agradable. Luis era lo que, Paqui y sus amigas llamaban un duro-tierno.

En fin, este Luis como la moneda del mismo nombre tenía esas dos caras, una para el trabajo y la resolución de problemas, el duro, otra para el trato humano ternura y dulzor.

Pero Paqui tardó bastante en darse cuenta en que era eso lo que tanto la inclinaba hacia el chico.

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