domingo, 19 de mayo de 2013

Un secreto del Sabio de la Montaña

Un día próximo ya a partir, el sabio de la montaña recibió a uno de sus sus discípulos que se alejaba y que le dijo:

-Maestro me dirás antes de partir cual es el secreto.

-¿Qué secreto?

-Esas palabras, que has pronunciado tantas veces a los oídos de los grandes de este mundo y que te han dado fama de sabio prudente y verdadero.

- Ah... si hijo... mio... ven acércate. Dijo el sabio con su mermado aliento.

El discípulo acercó la oreja a la boca del maestro y este suspiro un murmullo ininteligible.

El joven extrañado preguntó:

- ¿Qué decís maestro? ¡No os entiendo!

- ¡Claro nada dije!

- ¿Entonces?

- Mira, a los poderosos del mundo, nada se les puede decir. Así que nada digo, pero he hecho correr la voz; que solo los inteligentes lo comprenden y ya ves el resultado. Mas de cuarenta años llevo diciendo nada. Y ellos por no aparentar estupidez convienen en que soy sabio y discreto. 

Mal pronunciados, sin impostación y acento, al tonto le parecen adagios de sabio y afortunados agüeros, hasta los carraspeos.

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